Boca maneja una economía de nivel europeo y va por Marcos Acuña

La ecuación, de todas maneras, no es gratis, porque la exigencia, la histeria, la reacción ante el mínimo acontecimiento, también cotizan con la misma moneda de la desmesura.

Angelici y Burdisso son quienes toman las decisiones finales en cada negociación (Juan Manuel Foglia).

Habrá que estudiar un poco cuándo fue que Boca adoptó una modalidad de club europeo, cuándo fue que empezó a pensar y vivir en moneda extranjera, que lo mismo vende a un pibe que jugó cinco partidos en Primera como Balerdi en 19 millones, a Magallán en casi 10, que pone 8 para traer a Marcone, y ofrece 20 para buscar a Meza o para tentar a Marcos Acuña de un club top de Portugal.

Es, desde ya, una anomalía, que de alguna manera también adoptó River en el caso de Pratto. Pero mientras en el caso del Millo fue una excepción, en Boca ya es una regla.

Para sostener este esquema económico, Boca supo potenciar su vidriera como ningún otro. Literalmente, dolarizó gran parte de sus ingresos, corrientes y extraordinarios. Así, puso un alto precio al sponsoreo -un gran acierto de esta directiva, es justo decirlo- atrayendo además a empresas de primer nivel mundial, como Qatar Airways.

Mientras tanto, pudo mantener la dolarización parcial de los contratos y así sacó provecho de la violenta devaluación de los últimos años: pasó a cobrar a un dólar de 38/40 y a pagar obligaciones a un dólar de 20/25, según el caso.

Otros ingresos importantes, sin embargo, no son tan fáciles de defender, como el caso de los socios adherentes, decenas de miles de personas que pagan media cuota con la esperanza, ilusoria, de alguna vez ser socios plenos.

Boca acaba de vender a Barrios al Zenit en 18 millones de euros, es ése otro ejemplo de que el club maneja otra billetera.

La ecuación, de todas maneras, no es gratis, porque la exigencia, la histeria, la reacción ante el mínimo acontecimiento, también cotizan con la misma moneda de la desmesura.

Y todos esos billetes, hasta ahora, no alcanzaron para comprar una Libertadores. Porque los sueños, simplemente, no tienen precio.