Gago, con todos los honores

La salida acordada ayer por Gago con el presidente de Boca tiene el triste tufillo del final de una brillante carrera en la alta competencia. Aunque su espíritu deportivo haga que no descarte encarar otra maratónica rehabilitación y con la esperanza de volver a la cancha, es difícil imaginarlo de nuevo en la elite.

Y cuando se dice “alta competencia”, es altísima. Hablamos de un hombre que jugó casi 200 partidos en Boca, donde dio nueve vueltas olímpicas, que vistió 61 veces la camiseta de la Selección, con la que jugó el Mundial 2014 y en la que ya había sido campeón mundial Sub 20 y campeón olímpico. Del futbolista que protagonizó el pase más caro de la historia de Boca para ir a jugar más de 100 partidos en el Real Madrid, con el que ganó cuatro veces la liga española, y que también paseó su talento por las canchas de Roma y Valencia, además de un breve paso por Vélez Sarsfield.

Fernando Gago ha sido un jugador excepcional, sobreviviente del viejo 5 de posición y juego, en quien la elegancia no le hacía mella al temperamento. Su visión y concepto del juego le confirieron un liderazgo natural, y tantísimas veces era clarísima la diferencia entre cómo jugaba su equipo cuando él estaba y cuando no. Sin la impronta clásica del volante tapón que deja un surco en el piso haciendo resbaladas de 15 metros y llevándose todo puesto, recuperaba por intuición y lucidez y tenía el pase vertical que hace diferencia y es raro encontrar en los de su puesto.

A Gago lo persiguieron las lesiones, magnificadas por los escenarios y las circunstancias en que se producían, y ha dicho que no quiere que su última imagen en una cancha sea la de un tipo que se rompió y no puede jugar más.

Nadie como él merecería un retiro con todos los honores, paseando su figura señorial por el verde césped y con la pelota al pie.