Villa, la amenaza de River: así mejoró su puntería

«Buena Seba, ya estamos, eh! Quedate paradito ahí, ya no corras más. Ahí paradito nada más. Ya está”. El mensaje de Russo buscó frenarlo, cuidarlo. El partido con Vélez ya estaba definido, Sebastián Villa ya había convertido dos goles y había generado otro más con un remate en el palo (el de Maroni), pero no paraba. Iba y venía. Y todo, a pesar de ser la figura del partido. Por eso el DT, consciente del momento del colombiano, empezó a pensar en el superclásico. Y ahí le pegó el grito. Sí, Miguel sabe que el delantero es hoy una de sus mejores cartas para ganarle al River de Gallardo. Y no quiso correr más riesgos.

“Está muy bien, súper motivado. Por eso se puso mal cuando le criticaron lo del baile con Claypole. Es su forma de demostrar que está contento. Y además, siempre lo hace”. En el club, dicen que Villa no sólo recuperó su nivel. También, la alegría.

Atrás quedó la decisión del Consejo de apartarlo del equipo hasta tanto no se resolviera su causa judicial por la denuncia de violencia de género de parte de su ex pareja, a pesar de que aún la causa sigue sin resolución. Atrás quedó esa incertidumbre ante ofertas que llegaban (dos del Mineiro) y que se rechazaban. Atrás quedaron las dudas sobre si iba a volver a ser el mismo.

Hoy su presente está más claro: el punta de 24 años es uno de los dos mejores jugadores del equipo, junto a su compatriota Edwin Cardona. Y su futuro también: hace diez días, el club le extendió su contrato por un año y medio más, hasta diciembre de 2024 (tenía hasta junio de 2023). De esta manera, Boca sigue apostando fuerte por él. Y él, de alguna forma, no sólo otra vez está sacando ventaja con su velocidad, sino que ahora también mejoró su puntería.

El domingo, por primera vez con la azul y oro, metió dos goles en un partido. “Feliz por mi primer doblete en Boca y por la victoria. Gran trabajo del equipo. Vamos paso a paso”, puso en sus redes.

Paso a paso también va él, en esa reconstrucción anímica y futbolística. Y el arco de enfrente, ese gol que tantas veces se le negaba, que era la kriptonita de su súper velocidad. “En eso viene trabajando un montón. Y está mejor”, cuentan desde su entorno. Y en eso, Russo lo ayudó mucho, ya que además de acompañarlo siempre, lo incentivó a que mejorara su definición, a que esté más tranquilo y pensante a la hora de resolver en el área rival.

En efecto, si se toman los últimos diez partidos, marcó cuatro goles, contando el que inició la serie, nada menos que a River, el próximo rival. Una cifra que contrasta con un solo gol en sus anteriores diez juegos. Algo cambió. Contra Vélez, incluso, direccionó sus tres remates francos: dos fueron goles y uno dio en el palo.

Por eso, el colombiano es la esperanza de Boca para vencer al equipo de Gallardo. La amenaza. El Xeneize ya le sacó un título al Millo, empató 2 a 2 en el único mano a mano con un gol suyo (y de esa manera quedó mejor parado para llegar a la final con Banfield), pero nunca le pudo ganar. Por todo, Villa va por su partido consagratorio. ¿Seguirá el baile el próximo domingo?